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MANIFIESTO PARA EL RECONOCIMIENTO DE LO INVISIBLE
Invisible no quiere decir ausente
El que no veamos algo no significa que no exista. El que no lo oigamos o no pensemos en ello no significa que no exista. Un día, lo oímos, lo vemos, y a partir de ese día existe PARA NOSOTROS. Para los demás ya existía antes.
Cuando escucháis a vuestros amigos, o a los amigos de vuestros amigos, siempre hay alguno que ha visto un extraterrestre. Y os dais cuenta de que mucha gente ha visto extraterrestres, u OVNIS, gente de estratos sociales diferentes, y de que no hay tantos argumentos para no creer en ello. Si eres curioso y de palabra fácil, habrás conocido a alguien que ha conocido a un medium, a una vidente, a un clarividente… y que cree en eso y te lo demuestra. ¿Cómo sabía esa persona lo que yo no le he dicho nunca a nadie?
En un círculo más o menos cercano: vuestros amigos, o sus amigos, o los amigos de estos, alguno reza y cree en Dios. Y eso le ha ayudado de una manera sorprendente, imprevisible. Le han ocurrido cosas asombrosas e increíbles: curaciones físicas, resoluciones de dificultades de todas clases… No todo el mundo, pero algunos sí tienen esa experiencia de ayuda celestial, y eso les ha cambiado la vida. Algunos se comunican con los difuntos, con sus padres fallecidos, o con los ángeles, o los santos, y no tienen absolutamente ninguna duda sobre esto. Otros tienen una escritura automática y describen el mismo mundo que otras personas, sin conocerse. Todo esto está relacionado con el cerebro derecho, la intuición, la poesía, la emoción. El cerebro izquierdo, por su parte, no tiene acceso a esto, no puede comprenderlo, controlarlo, tener pruebas totalmente tangibles y científicas. Estas dos lógicas se excluyen mutuamente.
No hablaré de los que ven a los elfos y sienten las puertas mágicas en la Naturaleza, ni de los que se comunican con los animales, los oyen y les contestan, o con los árboles. Los que ven las auras, los bloqueos energéticos en el cuerpo, los chakras, los meridianos, los que sienten los meridianos de la tierra, o los fantasmas en las casas, las almas errantes. Los planetas, la astrología. La astrología maya, estelar y tropical, o la china.
Resumiendo. El que no cree en nada está bloqueado en su cerebro izquierdo y tiene miedo. Para que no le devoren sus angustias, una única solución: pensar y controlar. Pero esto no funciona; está insatisfecho y limitado. Limitado a él. Lo que sabe, lo que conoce y lo que comprende. Su curiosidad está limitada por su miedo, y su campo de descubrimiento está reducido. Su vida es repetitiva; sobre todo, ¡ningún riesgo! O: riesgos calculados de antemano. Él es su propio dios, su propia referencia. Referencia interna. Pienso, luego existo. Y, de hecho, no decide pensar lo que piensa. Esto, si le presta atención, se le escapa en un 100%.
El segundo, cerebro derecho, corre el riesgo de estar en referencia externa como un niño. Los dioses, los ángeles, los elfos o los que sean, le controlan, deciden por él.
¿Que no me creéis? ¿Quién es el que no me cree? ¿Quién decide no creerme? Vuestro inconsciente.
El inconsciente, Dios, los ángeles, vuestra difunta abuela, la energía, es lo mismo; se trata del mundo paralelo, siempre. No podemos sustraernos a él, no podemos seguir creyendo que el único mundo que existe es el de nuestros 5 sentidos, tan reductor. El mundo paralelo irrumpe todos los días en nuestra vida; azar, sincronicidades, destino, coincidencias, son irrupciones del mundo paralelo en nosotros.
Fuente: BIODÉCODAGE PRÁCTICA DE CHRISTIAN FLÈCHE

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Julián Castiblanco

CEO Ingenieros de Marketing

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