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La economía global global ha demostrado una importante capacidad de resiliencia durante la pandemia de la COVID-19, al recuperarse más rápido de lo esperado.

El impulso económico se mantiene fuerte, pero las naciones y las organizaciones se encuentran con corrientes cruzadas en las cadenas de suministro, la disponibilidad de mano de obra y la inflación. La respuesta a la pandemia se produce en un contexto de empeoramiento de la crisis climática y de aumento de la desigualdad económica. Estos desafíos combinados nos recuerdan que las crisis pueden convertirse en puntos de inflexión para políticas y estrategias.

De hecho, los cimientos del crecimiento futuro se establecen a menudo cuando las sociedades responden a las debilidades que las crisis ponen al descubierto. En esta coyuntura, el éxito de nuestra recuperación aún no está asegurado. La historia demuestra que, en tiempos de disrupción, la resiliencia depende de la adaptabilidad y la firmeza en las decisiones. Una vez que el periodo más agudo de la pandemia disminuya, la agenda de la resiliencia se convertirá en la clave de la prosperidad futura.

Para construir un futuro mejor, el énfasis debe pasar ahora de las medidas defensivas y los objetivos a corto plazo a una agenda de crecimiento sostenible e inclusivo. El crecimiento es un precursor del desarrollo económico. Una agenda de crecimiento sostenible e inclusivo se enfocará en un crecimiento que apoye la salud y la reparación del entorno natural, al tiempo que mejore los medios de subsistencia de segmentos más amplios de la población. Tenemos que encontrar caminos hacia una sociedad realmente mejor, de modo que nuestras acciones hagan que nuestro planeta y nuestras economías sean más resilientes y seguros.

Los cimientos del crecimiento futuro se establecen a menudo cuando las sociedades responden a las debilidades que las crisis ponen al descubierto. La historia demuestra que, en tiempos de crisis, la resiliencia depende de la adaptabilidad y la firmeza en las decisiones.

Pero, ¿cómo pueden los líderes afrontar este desafío de resiliencia para lograr un crecimiento sostenible e inclusivo? Conseguirlo dependerá de que se aborden, de forma eficaz y holística, las condiciones de nuestras economías y sociedades, y, sobre todo, sus interrelaciones: clima, atención sanitaria, necesidades laborales, cadenas de suministro, digitalización, finanzas y desigualdad y desarrollo económico. Tres consideraciones sugieren el camino a seguir:

  1. Los líderes del sector público y privado deben adoptar una visión amplia de la agenda de resiliencia. Por el momento, la escasez de mano de obra, el auge de la economía digital, las interrupciones de la cadena de suministro, la inflación y la desigualdad se abordan de forma aislada, con soluciones demasiado especializadas desarrolladas en silos organizativos. Este enfoque no aborda de forma adecuada las interdependencias que existen entre ellos, ni las tendencias más amplias y a más largo plazo impulsadas por el cambio climático, la evolución de la sociedad y las dinámicas geopolíticas. Un modelo de respuesta es el “Plan de Recuperación para Europa” de la Comisión Europea, que hace hincapié en las interdependencias entre la educación, la atención sanitaria, la vivienda, el cambio climático, el crecimiento económico, la competencia y el empleo, y en la necesidad de abordarlas en un marco holístico. Las dificultades que se encuentren en la aplicación de estos planes serán una medida de la distancia que debemos recorrer para hacer partícipes a todos los miembros de la sociedad.
  2. Las estrategias y las estructuras tienen que estar diseñadas para ser flexibles y rápidas. Podemos suponer que se avecinan disrupciones y cambios acelerados. Por lo tanto, las naciones y las organizaciones deben abordar los problemas con una adaptabilidad y agilidad incorporadas. La rapidez es importante. La pandemia de la COVID-19, y su trayectoria e impacto siempre cambiantes, ha demostrado que necesitamos información más oportuna, agendas estratégicas actualizadas y ciclos de decisión más cortos. El enfoque inicial para detener la propagación del virus, destinado a eliminar la COVID-19 por completo, se está replanteando ahora. Cuando las circunstancias cambian, también debe hacerlo la respuesta de las empresas y los gobiernos. Para hacer frente a la incertidumbre, nuestras organizaciones tienen que ser flexibles y siempre aprender. Estos atributos pesarán más en nuestras soluciones que los colchones económicos defensivos (la respuesta clave en la crisis financiera de 2007-08). La nueva postura nos permite responder a las discontinuidades de la cadena de suministro, los saltos tecnológicos y los cambios sociales. Se da más valor a la anticipación de las disrupciones y de las tendencias que a la elaboración de presupuestos y planes detallados.
  3. Más allá de crear resiliencia en las empresas y en la economía, los líderes públicos y privados también deben crear resiliencia en la sociedad. Las soluciones de crecimiento verdaderamente sostenibles e inclusivas van más allá de la mejora de los resultados empresariales y económicos. También contribuyen a la reparación y el sustento del entorno natural, enriquecen a los países de bajos ingresos y mejoran realmente las vidas y los medios de subsistencia de los segmentos de población históricamente marginados. Este entendimiento puede ser plenamente asumido en las declaraciones de propósitos y en las acciones de las empresas, así como de las instituciones públicas. En el caso de las empresas, la adopción de normas y métricas ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) puede ayudar a optimizar la estrategia para lograr un impacto social positivo. Para los gobiernos, medidas como el Marco de Niveles de Vida (Living Standards Framework) de Nueva Zelanda son un paso en la dirección correcta, valorando más que las cifras del PIB como indicadores de la riqueza nacional.

Podemos elaborar una agenda común de resiliencia, pero, para ello, debemos intensificar urgentemente el diálogo entre los sectores público y privado. Las decisiones clave y los compromisos financieros que se adopten ahora determinarán nuestro rumbo tras la pandemia. Nuestro punto de partida es una visión consolidada de los temas de resiliencia. Esto nos permitirá comprender mejor las oportunidades de crecimiento sostenible e inclusivo para las empresas, los países y las sociedades. Debemos fortalecer nuestros músculos de resiliencia ahora. Está en juego nada menos que un futuro próspero para la vida organizada en nuestro planeta.

SOBRE LOS AUTORES
Klaus Schwab es el fundador y director ejecutivo del Foro Económico Mundial. Bob Sternfels es socio director global de McKinsey.

Este artículo apareció en Fortune el 27 de enero de 2022 y se reproduce aquí con permiso. Copyright © 2022 Fortune Media IP Limited. Todos los derechos reservados.

Contenido tomado de https://www.mckinsey.com/featured-insights/destacados/tres-claves-para-una-recuperacion-pospandemica-resiliente

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