Cada vez que una persona mayor muere sin compartir sus conocimientos, una comunidad puede perder mucho más que una historia. Desaparecen formas de cultivar, cocinar, construir, sanar, celebrar, enseñar y comprender el mundo. En una época en la que la inteligencia artificial promete almacenar y procesar cantidades extraordinarias de información, surge una pregunta fundamental: ¿quién tiene el derecho de conservar, interpretar y transmitir nuestra memoria?
El conocimiento que desaparece en silencio
Imagine una pequeña comunidad donde una mujer conoce las recetas tradicionales que aprendió de su abuela. No utiliza medidas exactas. Sabe cuándo una preparación está lista por su aroma, su textura y el sonido que produce al cocinarse.
En otro lugar, un artesano conoce una técnica que perfeccionó durante décadas. Puede reconocer la calidad de un material con solo tocarlo. En una familia, un abuelo recuerda cómo era su pueblo antes de que llegaran las carreteras, cómo se organizaban las celebraciones y qué significaban ciertos lugares para sus habitantes.
Ninguno de estos conocimientos aparece necesariamente en un libro. Muchos viven en conversaciones, gestos, experiencias y prácticas cotidianas.
Pero ¿qué sucede cuando esas personas dejan de estar presentes?
¿Qué ocurre cuando los jóvenes migran, los oficios dejan de practicarse o las comunidades pierden los espacios donde transmitían sus conocimientos?
Una parte de esa memoria puede desaparecer. Y no siempre somos conscientes de su valor hasta que ya no podemos recuperarla.
Durante décadas, hemos asociado la preservación del conocimiento con bibliotecas, archivos, museos y documentos históricos.
Sin embargo, existe otra forma de conocimiento que no siempre puede guardarse en una estantería.
- Es el conocimiento que vive en las personas.
- El que se aprende observando.
- El que se transmite mediante relatos.
- El que requiere practicar junto a alguien.
- El que tiene sentido porque pertenece a una comunidad.
Hoy, la inteligencia artificial abre nuevas posibilidades para documentarlo, organizarlo y facilitar su transmisión.
Pero también plantea un desafío ético profundo. Preservar la memoria de una comunidad no significa adquirir el derecho de utilizarla sin su consentimiento.
1. La memoria colectiva es mucho más que información
Cuando pensamos en patrimonio cultural, solemos imaginar monumentos, edificios históricos, pinturas y objetos antiguos.
Sin embargo, una parte fundamental del patrimonio de la humanidad es inmaterial. Incluye expresiones orales, conocimientos sobre la naturaleza, prácticas sociales, celebraciones, artes tradicionales y técnicas artesanales.
La UNESCO reconoce estas manifestaciones dentro del concepto de patrimonio cultural inmaterial. Su importancia no depende únicamente de su antigüedad.
También radica en que las comunidades las reconocen como parte de su identidad y las transmiten, recrean y adaptan de generación en generación. Esto introduce una distinción fundamental.
- Una receta puede escribirse.
- Una canción puede grabarse.
- Una técnica artesanal puede filmarse.
Pero el significado cultural de esas prácticas no siempre queda completamente representado en un archivo digital.
Pensemos en una celebración tradicional. Podemos registrar su música, sus vestuarios y sus movimientos.
Sin embargo, para comprenderla también necesitamos conocer su historia, sus símbolos, sus relaciones comunitarias y las razones por las cuales continúa siendo importante. La memoria colectiva no es solamente una colección de datos. Es una manera compartida de interpretar la experiencia. Por eso, cualquier proyecto tecnológico que busque preservarla debe comenzar por comprender a las personas que la mantienen viva.
2. Los cuatro conocimientos que corren el riesgo de perderse
Los oficios y saberes prácticos: Técnicas de tejido, carpintería, agricultura, pesca, cocina y elaboración artesanal que dependen de la experiencia y la observación directa.
Las historias familiares: Relatos sobre migraciones, acontecimientos locales, decisiones, dificultades y aprendizajes que permiten comprender de dónde venimos.
Las expresiones culturales: Lenguas, narraciones, músicas, festividades y prácticas comunitarias que pueden debilitarse cuando disminuyen los espacios de transmisión.
Los conocimientos del territorio: Formas locales de reconocer ciclos naturales, cultivar, manejar recursos y relacionarse con el entorno, desarrolladas a partir de experiencias acumuladas.
Estos saberes pueden verse amenazados por múltiples factores: desplazamiento, pérdida de espacios comunitarios, cambios económicos, discriminación cultural, transformaciones ambientales y falta de oportunidades para transmitirlos.
No todos están desapareciendo de la misma manera ni al mismo ritmo. Algunos se transforman y encuentran nuevas expresiones.
Otros requieren esfuerzos deliberados para mantenerse vivos. El reto no consiste en congelar las tradiciones como si fueran piezas de museo. Consiste en crear condiciones para que puedan seguir siendo practicadas, interpretadas y transmitidas por sus propias comunidades.
3. La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta de preservación
La inteligencia artificial ofrece capacidades que pueden facilitar el trabajo de documentación cultural. Puede ayudar a transcribir entrevistas, organizar testimonios, identificar temas recurrentes, buscar información en archivos y crear materiales educativos a partir de registros autorizados.
También puede apoyar iniciativas de recuperación lingüística, siempre que existan datos adecuados y participación de hablantes y especialistas. Imaginemos un proyecto comunitario donde varias personas mayores aceptan compartir historias sobre su territorio.
Con su autorización, esas conversaciones podrían grabarse. Después, herramientas digitales podrían ayudar a transcribirlas y clasificarlas por temas: infancia, trabajo, celebraciones, cambios ambientales, acontecimientos históricos y prácticas tradicionales.
Las personas entrevistadas y otros integrantes designados por la comunidad podrían revisar los textos, corregir errores y decidir qué fragmentos pueden compartirse. Con ese material sería posible construir un archivo de consulta para nuevas generaciones.
La tecnología permitiría reducir parte del trabajo técnico. Pero el valor del proyecto estaría en las historias y en la participación de quienes las conocen. Esta diferencia es esencial.
La inteligencia artificial puede ayudar a organizar la memoria, pero no debe convertirse en su propietaria ni en su intérprete exclusiva.
4. El peligro de convertir una tradición viva en un conjunto de datos
Uno de los riesgos menos visibles de la digitalización cultural es pensar que todo conocimiento puede convertirse en información disponible para cualquier persona. No es así. Algunos saberes son públicos y se comparten libremente. Otros pertenecen a contextos familiares, comunitarios o ceremoniales específicos.
También existen conocimientos cuya divulgación puede afectar derechos culturales, relaciones de confianza o incluso la seguridad de quienes los comparten. Por ejemplo, una comunidad puede considerar que determinadas prácticas solo deben transmitirse entre personas autorizadas.
Una familia puede aceptar que se conserve una entrevista, pero no que se publique en internet.
Un artesano puede estar dispuesto a mostrar su trabajo sin querer divulgar todos los detalles de una técnica que constituye su medio de vida.
Y una comunidad puede aceptar un proyecto educativo sin autorizar que sus grabaciones se utilicen para entrenar modelos comerciales de inteligencia artificial. Por eso, debemos diferenciar tres acciones que a veces se confunden:
- Documentar no significa publicar.
- Compartir no significa renunciar a los derechos.
- Conservar no significa autorizar cualquier uso futuro.
El hecho de que una información pueda digitalizarse no significa que deba circular libremente. La preservación responsable requiere reconocer los límites establecidos por quienes generan y custodian esos conocimientos.
5. ¿De quién es la memoria cuando entra en una plataforma tecnológica?
Esta pregunta será cada vez más importante. Imaginemos que una organización recopila cientos de testimonios de una comunidad.
Los archivos se almacenan en una plataforma. Posteriormente, se utilizan para construir un asistente de inteligencia artificial capaz de responder preguntas sobre las tradiciones locales. El proyecto podría tener un enorme valor educativo.
Pero también plantea interrogantes.
- ¿Quién autorizó el uso de los testimonios?
- ¿Las personas comprendieron que sus voces y relatos podrían utilizarse para generar respuestas automáticas?
- ¿Quién decide qué contenidos se publican?
- ¿Puede una familia solicitar que se retire un testimonio?
- ¿La comunidad puede obtener una copia de los archivos?
- ¿Qué sucede si la plataforma deja de funcionar?
- ¿Puede una empresa utilizar esos materiales para desarrollar otros productos?
Estas preguntas no son obstáculos innecesarios. Son parte del diseño de un proyecto responsable.
La memoria comunitaria puede involucrar derechos individuales y colectivos, y las reglas concretas dependerán del tipo de contenido, la comunidad y la legislación aplicable. Por eso, no basta con obtener una autorización genérica.
Es importante establecer acuerdos claros sobre los usos permitidos, las restricciones, el acceso, la conservación y los mecanismos para revisar decisiones. La confianza es tan importante como la tecnología.
6. Colombia: un territorio donde la memoria también es diversidad
Colombia ofrece un contexto especialmente relevante para esta conversación. Sus comunidades indígenas, afrocolombianas, raizales, palenqueras, campesinas y urbanas conservan múltiples formas de conocimiento y expresión cultural.
Los saberes asociados a los territorios, las lenguas, la música, las cocinas, los oficios y las memorias familiares forman parte de una riqueza que no puede reducirse a una única narrativa nacional.
Pensemos en el Pacífico colombiano. Allí, diferentes comunidades mantienen expresiones musicales, tradiciones orales, conocimientos relacionados con el entorno y prácticas culturales que se transmiten mediante la participación colectiva. Algunas de estas manifestaciones han recibido reconocimiento patrimonial internacional. Pero ese reconocimiento no reemplaza la necesidad de apoyar a las personas que las practican.
Una tradición no permanece viva únicamente porque exista un video en internet. Necesita espacios donde pueda enseñarse. Personas interesadas en aprenderla. Condiciones para practicarla. Y comunidades con capacidad para decidir cómo se transmite.
En lugares como Quibdó, las herramientas digitales podrían apoyar iniciativas de memoria local, siempre que sus protagonistas definan qué desean documentar y cómo hacerlo. Un archivo de relatos familiares, una colección autorizada de técnicas artesanales o un proyecto de historia oral podrían conectar generaciones.
Sin embargo, el éxito no debería medirse solamente por la cantidad de archivos producidos. También debería evaluarse por la participación comunitaria, la utilidad de los materiales y la continuidad de los procesos de transmisión.
7. El mayor riesgo de la IA: conservar las palabras y perder su significado
Existe un problema adicional que merece atención. La inteligencia artificial no comprende necesariamente una tradición de la misma manera que quienes la practican.
- Un sistema puede producir un resumen convincente y, aun así, omitir elementos esenciales.
- Puede interpretar una expresión regional como si fuera un error.
- Puede reemplazar palabras locales por términos más comunes.
- Puede mezclar relatos procedentes de comunidades distintas.
- Incluso puede inventar detalles cuando no encuentra suficiente información.
Este último fenómeno es especialmente delicado en proyectos de memoria histórica. Si una herramienta genera una explicación incorrecta sobre una tradición y esa explicación se publica sin revisión, el error podría reproducirse posteriormente como si fuera un hecho. Por eso, los sistemas de IA deben utilizarse como herramientas auxiliares, no como autoridades culturales.
La revisión de personas conocedoras es indispensable. También es importante conservar las grabaciones originales, registrar quién contó cada historia, cuándo fue documentada y cuáles fueron las correcciones realizadas. Una transcripción automática nunca debería reemplazar por completo la fuente original.
La UNESCO advierte sobre los posibles efectos de las tecnologías de procesamiento del lenguaje en los dialectos, las expresiones culturales y las lenguas amenazadas. Su recomendación sobre ética de la IA también promueve enfoques participativos para preservar el patrimonio cultural.
La lección es clara: Una memoria digital que pierde el contexto puede conservar los datos y, al mismo tiempo, distorsionar la historia.
8. La soberanía de los datos: cuando conservar también significa decidir
Uno de los enfoques más relevantes para esta discusión es el de la soberanía de los datos indígenas.
Este concepto reconoce la importancia de que los pueblos indígenas tengan autoridad sobre los datos relacionados con sus comunidades, territorios, conocimientos e identidades. Los principios internacionales CARE ofrecen una referencia importante.
PRINCIPIOS CARE

Estos principios fueron concebidos específicamente para la gobernanza de datos indígenas. No deben aplicarse mecánicamente a todas las comunidades, pero ofrecen lecciones útiles para cualquier iniciativa de documentación cultural.
Nos recuerdan que una colección de información no es valiosa solamente porque pueda consultarse. También importa quién la controla, para qué se utiliza y quién recibe sus beneficios.
9. Cómo construir un archivo de memoria comunitaria con ayuda de la IA
Una familia, una institución educativa, una biblioteca o una organización comunitaria puede comenzar un proyecto de memoria sin disponer de infraestructura tecnológica compleja.
La clave está en diseñarlo cuidadosamente desde el principio.
Paso 1. Conversar antes de grabar: Preguntar qué historias desean conservar las personas, por qué son importantes y qué usos consideran apropiados.
Paso 2. Establecer acuerdos claros: Obtener las autorizaciones pertinentes, definir quién podrá consultar el material y acordar cómo se gestionarán solicitudes de corrección o retiro.
Paso 3. Registrar con respeto: Grabar conversaciones o prácticas autorizadas sin interrumpir innecesariamente ni forzar respuestas. Conservar el idioma y las expresiones originales.
Paso 4. Utilizar IA para organizar: Cuando esté autorizado, transcribir, clasificar y preparar índices temáticos. Revisar las condiciones de privacidad de las herramientas antes de cargar los archivos.
Paso 5. Validar con los protagonistas: Permitir que narradores y representantes designados revisen las transcripciones, los significados y los permisos de difusión.
Paso 6. Preservar con controles: Mantener copias de seguridad, formatos accesibles, registros de procedencia y diferentes niveles de acceso según los acuerdos establecidos.
Paso 7. Devolver el conocimiento a la comunidad: Crear espacios de aprendizaje, encuentros intergeneracionales y materiales educativos apropiados, sin asumir que todo debe publicarse en internet.
La Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial respalda la participación activa de las comunidades en la gestión de su patrimonio y el respeto de las prácticas que regulan el acceso a determinados conocimientos.
Esta metodología también ayuda a evitar un error frecuente: concentrar todos los esfuerzos en producir archivos sin pensar en cómo se utilizarán dentro de diez o veinte años.
10. Un proyecto que podría comenzar en cualquier familia
No todas las iniciativas necesitan convertirse en grandes plataformas. Podemos comenzar con algo mucho más cercano.
Imagine que una familia decide dedicar una tarde al mes a conversar con sus integrantes mayores. Cada encuentro gira alrededor de una pregunta.
- ¿Cómo era la infancia en su época?
- ¿Qué trabajos realizaban sus padres?
- ¿Qué canciones recuerdan?
- ¿Qué alimentos se preparaban en las celebraciones?
- ¿Qué acontecimientos transformaron el barrio o el pueblo?
- ¿Qué consejos recibieron que todavía consideran importantes?
Con el consentimiento de quienes participan, las conversaciones podrían grabarse y conservarse en un archivo familiar.
La IA podría ayudar a preparar una transcripción y un índice de temas. Pero el paso más valioso sería compartir ese material con hijos, nietos y otros familiares.
- Escuchar las voces originales.
- Reconocer los nombres.
- Preguntar por las fotografías.
- Conversar sobre las diferencias entre generaciones.
En ese proceso, la tecnología cumple una función de apoyo. No reemplaza el encuentro. Lo prolonga. Y permite que algunas historias sigan siendo escuchadas cuando sus protagonistas ya no puedan contarlas personalmente.
11. No debemos confundir una voz recreada con una persona
La evolución de la inteligencia artificial también permite generar voces sintéticas y personajes digitales capaces de mantener conversaciones. Estas herramientas podrían utilizarse para presentar contenidos históricos o educativos.
Sin embargo, cuando se aplican a personas reales, especialmente a quienes han fallecido, surgen riesgos importantes.
- Una voz artificial puede pronunciar palabras que la persona nunca dijo.
- Un avatar puede responder preguntas sobre asuntos que su protagonista jamás abordó.
- Y una recreación convincente puede llevar al público a confundir material histórico auténtico con contenido generado.
Por eso, en proyectos de memoria es fundamental diferenciar los testimonios originales de las reconstrucciones digitales.
Si se crea una recreación, debe identificarse claramente como tal y contar con las autorizaciones que correspondan. También conviene preguntarse si realmente aporta valor.
No necesitamos recrear artificialmente a una abuela para comprender la importancia de escuchar sus historias. En muchas ocasiones, conservar su voz auténtica, con sus pausas, expresiones y silencios, puede resultar mucho más significativo.
La memoria merece ser transmitida con fidelidad, no solamente con realismo tecnológico.
12. El futuro de nuestra memoria depende de una decisión presente
La tecnología seguirá avanzando. Tendremos herramientas más sofisticadas para transcribir conversaciones, organizar fotografías, traducir contenidos y consultar archivos históricos. Pero ninguna de estas capacidades resolverá automáticamente el problema de la pérdida del conocimiento.
Porque la desaparición de una tradición no siempre ocurre por falta de documentación. También puede ocurrir porque desaparecen las condiciones sociales que permiten practicarla. Un oficio necesita aprendices, una lengua necesita hablantes, una celebración necesita participantes, una técnica necesita oportunidades para ejercitarse y una historia necesita personas dispuestas a escucharla.
Por eso, los proyectos de preservación deberían combinar herramientas digitales con acciones humanas.
- Formar a nuevas generaciones.
- Apoyar a los portadores de conocimientos.
- Fortalecer espacios culturales.
- Reconocer el valor económico y social de los oficios tradicionales.
- Y garantizar que las comunidades puedan decidir cómo compartir su patrimonio.
Un ejemplo concreto es la música de marimba y los cantos y bailes tradicionales del Pacífico Sur colombiano y de Esmeraldas, Ecuador, inscritos en 2015 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La documentación patrimonial destaca el papel de las personas mayores en la transmisión de relatos y el de los maestros de música en la enseñanza de conocimientos musicales.
Es una muestra de que el patrimonio cultural se mantiene vivo mediante relaciones entre personas, no únicamente mediante registros.
En este contexto, el profe Julián Castiblanco invita a pensar en una aplicación de la inteligencia artificial que va más allá de la productividad empresarial: utilizar las capacidades tecnológicas para fortalecer el aprendizaje, compartir experiencias y reconocer el valor del conocimiento humano.
El desafío no consiste solamente en desarrollar sistemas más inteligentes. Consiste en decidir qué conocimientos queremos transmitir y cómo hacerlo sin perder el respeto por quienes los han construido.
Guardar nuestra historia no significa entregar el control sobre ella
Fuentes y referencias
1. UNESCO. (2003). Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Consultar convención.
2. UNESCO. (2021). Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial. Consultar recomendación.
3. Global Indigenous Data Alliance. Principios CARE para la gobernanza de datos indígenas. Consultar principios CARE.
4. UNESCO. Música de marimba y cantos y bailes tradicionales de la región colombiana del Pacífico Sur y de Esmeraldas. Consultar ficha patrimonial.
Edición: Equipo editorial de IMKGlobal, con apoyo de herramientas de inteligencia artificial.
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